Nuestro grado de inteligibilidad revela nuestra configuración de la conciencia, independientemente de nuestra formación o de nuestra cultura. La inteligibilidad del sujeto se mide por su comprensión del mundo y de la realidad de las cosas. Pero ¿qué es lo que entendemos por conciencia? En términos hegelianos y como categoría fenomenológica central, consiste en considerarla como un estado de inteligibilidad del sujeto, que es lo mismo que decir nuestra manera de ver y hacer el mundo y las cosas. Nuestro mundo inteligible es el mundo de nuestra conciencia. Pero para la conciencia las cosas son lo que sabemos de ellas, es decir, tal como aparecen a ella, lo que son por y para la conciencia. En general, la conciencia ordinaria de la gente versa sobre el mundo del sentido común, sobre el mundo de la doxa, sobre el mundo tal como viene poblado para la conciencia corriente, a veces ilustrada también por datos aportados por la ciencia puesto que incluso los que saben poco de física o biología, saben que los objetos físicos están compuestos de átomos o que los organismos se componen de células. La inteligibilidad es el eslabón débil de la conciencia, ya que muestra su vulnerabilidad y su fragilidad ante la realidad de las cosas: basta con recordar los devastadores efectos de la superstición, las creencias religiosas o las ideologías en la historia, o más recientemente, la perversidad del lenguaje multimedia –televisión, video- que consolida la supremacía de la imagen sobre la palabra y que tiende a suprimir la crítica y la reflexión del mundo de la conciencia. Desde Hegel sabemos que el proceso de la conciencia asciende desde lo menos inteligible –la conciencia sensible aportada por los sentidos, las sensaciones y la percepción- a lo más inteligible –la conciencia que se obtiene de la conceptuación de la realidad a través del arte, la ciencia o la filosofía-, de la aridez de lo abstracto a la riqueza de lo concreto; de lo más pobre en contenidos a lo más rico y todo ello en el marco de un proceso tortuoso, no lineal, que se asemeja más a una odisea que a un progreso. Y es, además, un proceso que recorre tanto el individuo a lo largo de su existencia como la sociedad a lo largo de la historia; tanto el espíritu subjetivo –el espíritu en el sujeto- como el espíritu objetivo –el espíritu en el mundo-.
març 26, 2010 a les 18:24 |
Lluís. M’ha agradat molt llegir el teu noograma. El concepte d’intel·ligibilitat és clau en la vida de qualsevol persona. La intel·ligibilitat és la condició de possibilitat de coneixement i acció de l’individu. Allò que apareix, el fenomen, apareix en funció de la intel·ligibilitat, que permet graus diferents de complexitat en l’experiència del món, en la captació de l’objecte. Des de la doxa fins a l’episteme. Tens molta raó en assenyalar els perills d’una intel·ligibilitat baixa. Podem abocar-nos a l’abisme.
D’altra banda, l’existència és una odissea singular i individual. Joseph Conrad, a “El cor de les tenebres” va dir que “vivim com somniem, sols”. També va dir “la vida, aquest misteriós arranjament de lògica despietada per a un propòsit inútil”. Havia llegit Hegel?